A lo largo del camino podemos encontrar a quienes tienen algo que enseñar, a quienes enseñan sin saberlo y a quienes pretenden enseñar lo que no han aprendido.
Sin duda aquellos que tienen algo que enseñar son grandes maestros porque son capaces de transmitir, provocan que todos los conocimientos se adquieran y no se olviden nunca. El único problema es cuando sus alumnos no se dan cuenta de todo lo que han aprendido gracias a ellos, cuando es demasiado tarde para poder agradecerlo, porque una vez que se dan cuenta deben arrastrar ese recuerdo como si de un paisaje repetido del camino se tratara.
Aquellos que enseñan sin saber tienen compañeros que no saben lo que han aprendido. Como quien me enseñó que la perseverancia y el tesón son importantes, que pueden llevarte hasta tu objetivo y que si no lo consigues no hay que volver con el rabo entre las piernas, sino que hay que estar atento para que cuando vuelva a existir la más mínima posibilidad volver a insistir, es posible que esa vez sea la buena. Sin decaer nunca el ánimo aunque haya momentos duros, manteniendo la cabeza alta y la mirada alerta para cuando lleguen los momentoa felices no nos los perdamos por un despiste.
Los últimos no merecen tanto nuestra atención, sobre todo cuando no quieren ver que quizá puedan aprender más de los demás antes de enseñarles nada.
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