domingo, 23 de marzo de 2014

Eras

Me duele tanto mirarte y saber que no vas a estar más ahí, que cada vez que vuelva a casa no voy a sonreír con sólo entrar por la puerta. Es el doble filo de la fotografía, me permite recordarte y recorrerte a la vez que me hace notar tu ausencia.

Siendo tan grande como era tu poder reconfortante, ahora que no estás, cuando caigo en una espiral de agonía no puedo hallar el confort, sobre todo cuando lo que me falta eres tú.

A pesar de todo no puedo dejar de pensar que estás detrás de todo lo bueno que llega a mí, que te escondes en las pequeñas cosas del cada día, en las sonrisas inexplicables, en las resoluciones, en los besos y abrazos, en mis ojos vidriosos.

No estás para que pueda olerte, hundirme en tu calidez, ni para sorprenderte ante las nuevas experiencias que llevo a cabo, pero te imagino cada vez. Hay mil anécdotas que me evitan olvidarte. Ya no podré leerte, ni enseñarte canciones, ni cantarte, ni insistirte, ni reírme de cada una de tus ocurrencias, no estás para hacerlo conmigo así que tendré que hacerlo por dos.

Parece un mundo cuando te has pasas toda la vida junto a ti, cuando no recuerdas más allá de los momentos en los que apareces. Cuando luchas por no dejarte llevar e intentas no desear que hubiera más para avanzar y no dejar de lado las posibilidades futuras, para no volver a arrepentirse. Así que procuro ocupar mi mente, aunque sea haciéndola no pensar, la ocupo por ti, para que en vez de llevarte parte de mi contigo, tú te quedes aquí conmigo.

Siempre sabrás que te querré, como yo así lo sentí de ti, sin necesidad de palabras, tus ojos siempre lo dijeron todo.

domingo, 16 de marzo de 2014

Embustes

A veces las cosas se pintan de una forma espectacular, todo queda decorado, nada se sale del maravilloso cuadro que se ha creado, resulta que la vida es perfecta, no hay ni un solo fallo, y nada ni nadie hará que eso cambie.

A veces el mayor de los palacios decorado con exuberantes sedas, amplias estancias y el ser querido esperando no es más que un cubo de basura pintado en el que todas las pertenencias son los desperdicios de los demás que, para que no molesten mucho, se ven convertidos en los muebles y objetos que decoran esa lustrosa vida que hay alrededor.

A veces el mayor problema es cuando se quiere meter a alguien en esa gran vida y hay que hacerle creer lo mismo que quiere creer quien ya está dentro, es posible que más bien antes que después toda la mierda salga a la luz y si no lo hace ya se encargarán de sacarla, porque quien está tan podrido por dentro sólo puede terminar mostrándose como realmente es.

A veces no hace falta adornar la realidad simplemente no la afeamos, ¿para qué se va a hacer un comentario respecto a aquello que pueda irritar? Si no se informa a la otra persona, nunca sabrá qué es lo que molesta, nunca verá venir un desagradable final.

A veces no nos gusta cómo es nuestra vida, cómo hemos manejado ciertas situaciones, cómo no somos capaces de cambiar... Pero entonces es cuando hay que determinarse e imponerse, cuando hay que pararse los pies y plantarse, decidirse a mejorar, a cambiar aquello que se necesita y si se nos va la fuerza por la boca tendremos que intentarlo, una y otra vez, sin rendirse, sin excusas porque aunque nos las pongamos, aunque parezca mil veces que se vuelve a la misma situación, de todo se saca provecho aunque en ocasiones no nos demos cuenta.

A veces nos rendimos pero siempre debemos encontrar la forma de volver, porque si nosotros mismos no nos sostenemos ¿cómo podemos esperar que los demás lo hagan? Lo único que debe desmoronarse son nuestros embustes, esos que construimos para no esforzarnos, para no obligarnos a hacer más de lo necesario, esas barreras que ni siquiera existen en nuestra cabeza, que no nos frenan pero que nos sirven de excusa para no llegar al máximo potencial.

jueves, 6 de marzo de 2014

Enseñanzas


A lo largo del camino podemos encontrar a quienes tienen algo que enseñar, a quienes enseñan sin saberlo y a quienes pretenden enseñar lo que no han aprendido.
Sin duda aquellos que tienen algo que enseñar son grandes maestros porque son capaces de transmitir, provocan que todos los conocimientos se adquieran y no se olviden nunca. El único problema es cuando sus alumnos no se dan cuenta de todo lo que han aprendido gracias a ellos, cuando es demasiado tarde para poder agradecerlo, porque una vez que se dan cuenta deben arrastrar ese recuerdo como si de un paisaje repetido del camino se tratara.
Aquellos que enseñan sin saber tienen compañeros que no saben lo que han aprendido. Como quien me enseñó que la perseverancia y el tesón son importantes, que pueden llevarte hasta tu objetivo y que si no lo consigues no hay que volver con el rabo entre las piernas, sino que hay que estar atento para que cuando vuelva a existir la más mínima posibilidad volver a insistir, es posible que esa vez sea la buena. Sin decaer  nunca el ánimo aunque haya momentos duros, manteniendo la cabeza alta y la mirada alerta para cuando lleguen los momentoa felices no nos los perdamos por un despiste.
Los últimos no merecen tanto nuestra atención, sobre todo cuando no quieren ver que quizá puedan aprender más de los demás antes de enseñarles nada.